Una visita | A visit

Dos días en un congreso: Tools of Change 2012, organizado por la editorial O’Reilly, que publica libros de tecnología. El tema del congreso: el presente y (si fuera posible anticiparlo) el futuro de la publicación digital. Pocos escritores (tal vez ninguno); representantes de editoriales, sí, muchos. Y sobre todo directores de empresas, pequeñas y grandes, que proponen alternativas técnicas para la puesta en circulación de textos. Esta es una lista desordenada de las cosas que escuché (o me pareció que escuchaba) y ví (o me pareció que veía):

1. Lo que importa: las tabletas. Las pocas variedades de tabletas: iPad, Kindle, Nook, Kobo Vox. ¿Alguien habló de desktops? No creo, o apenas. En este panorama, dos compañías son las que impulsan las transformaciones importantes: Apple, Amazon.

2. El standard de excelencia: iPad. Y luego Amazon, Kindle. Esta es una dificultad: se trata de dos formatos muy diferentes; puede que una publicación que funcione bien en una funcione muy mal en la otra. Y un dilema, particularmente para los que no puedan pagar más de un diseño. (Nota: predominan, en las faldas del público, las Macs.)

3. El detalle del futuro es impredecible, pero nadie pareciera dudar que la distribución digital va a ganar terreno a costa de lo impreso. ¿Por qué? Precio, facilidad, fascinación. ¿Fascinación con qué? Con la variedad de medios: palabras, imágenes, sonidos (que, por el momento, solamente el iPad permite reproducir con alguna fidelidad).

4. Multiplicidad de medios, mutabilidad, oferta de interacción: se supone que las especies con más chances de éxito en el espacio en vías de modificación tendrán estos atributos. Más que obras concluidas, de estructura fijada y con un modo privilegiado de abordaje, espacios en los que una variedad de estímulos posibles pueden recogerse y recombinarse.

5. Asociación, por lo tanto, de la escritura y el diseño. El diseño, a la vez, accesible a los no especialistas. Facilidad (relativa) de la autoedición y de la distribución de lo autoeditado.

6. Centralidad de los mecanismos on-line de recomendación: sitios que agregan la información, blogs, etc., cuya gravitación aumenta a la vez que disminuyen los signos de prestigio tradicionales: editoriales de renombre, grandes críticos, diarios, revistas literarias.

Nada terriblemente nuevo, pero sí es sorprendente que esta sea tanto la discusión del mainstream.

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Two days at a conference: Tools of Change 2012, organized by O’Reilly, a publisher who specializes in texts on technology.  The topic’s conference: the present and (if it is possible to anticipate it) the future of digital publishing.  Very few writers (perhaps none); publishing representatives, yes, quite a lot.  And above all managers of small and large companies that offer options for the digital circulation of texts.  What follows is an unorganized list of things that I heard (or that I believe I heard) and saw (or believe to have seen):

1. What matters most: tablets.  The limited variety of tablets: iPad, Kindle, Nook, Kobo Vox.  Did anyone even speak about the desktop?  I don’t think so, or barely.  In this panorama, two companies drive the most important transformations: Apple, Amazon.

2. The standard of excellence: the iPad.  And then Amazon, and its Kindle.  This prompts a difficulty for the producers: they are two very different formats; a publication can function seamlessly on one, and not at all on the other.  And a dilemma, particularly for those who can’t pay for more than one design. (Note: in the public’s hands and laps, Macs dominate.)

3. The future, naturally, is uncertain, but no one at the conference appeared to doubt the fact that digital distribution will rapidly gain territory at the expense of print.  Why?  Price, facility, fascination.  Fascination with what?  With the variety of media: words, images, sounds (that, for the moment, only the iPad is able to reproduce with any semblance of accuracy).

4.  The multiplicity of media, the opportunity for mutation and the capacity to offer to the user a menu of possible interactions: these are the attributes that everybody is supposed to require from the productions that live in the digital domain. More than finished works or fixed structures, the promise of spaces in which a variety of possible stimuli can be collected and recomposed.

5. Association, therefore, between writing and design.  Design that is accessible to the non-specialist.  The (relative) ease of self-publishing and of its distribution.

6. The centrality of online mechanisms for recommendation: sites that amass information, blogs, etc., whose influence increases at the same time that the prestige of renowned publishers, preeminent critics, newspapers and literary journals diminishes.

Nothing terribly new, but what is surprising is that this discussion is so prevalent in the mainstream.

Thanks here, as in two previous posts (A new course), to Carolyn Fornoff for help with the translation.

Lección | Lesson

Esta grabación proviene de una lección de latín publicada en 1959. Se supone que ya sabemos todo: esta sección pertenece al último disco, el repaso. Se habla de Cartago, de Catulo, de la culpa. El nombre del profesor es John F. C. Richards.

This recording comes from a Latin lesson published in 1959. By now, we’re supposed to know it all: this section belongs to the very last part, the review. The themes: Carthage, Cathulle, the phenomenon of guilt. The professor’s name is John F. C. Richards.

Un nuevo curso, 2 | A new course, 2 (still to come)

La semana pasada, un concierto. En New York. El Ensemble Ictus, que es de aquí, tocó primero; después, el Ensemble MAE, de Holanda. Una de las obras más interesantes del programa fue una pieza para triángulo solo del jóven compositor mexicano Hugo Morales. La pieza empezaba con el triángulo apoyadado en una almohadilla azul que restringía las vibraciones del metal: los golpes (con palillos de materiales diferentes) resultaban en sonidos apagados, audibles solamente gracias a la estricta amplificación.  De repente, el percusionista levantó una de las puntas del triángulo y la dejó apoyada en el empeine de uno de sus piés: el sonido, al estar menos constreñido el instrumento, se volvió más brillante (pero no mucho).  Al rato, agotadas las variantes del sonido que ofrecía la nueva posición, el percusionista agarró el metálico resonador y lo sostuvo en la mano: más amplitud de movimientos, pero no tanta como cuando (en una orquesta normal) el triángulo cuelga de un gancho y puede vibrar libremente. ¿Fueron diez minutos? La pieza nos pareció una maravilla. La maravilla se debía tanto a la calidad específica de los sonidos como a la impresión de proeza técnica: debe ser la primera (posiblemente sea la última) pieza para triángulo solo, instrumento mínimo (los niños lo usan mucho en la escuela). Teníamos la impresión de observar el comportamiento de un instrumento nuevo, aunque lo que sucedía era el resultado de que Morales hubiera forzado a un antiguo instrumento a hacer cosas que usualmente no hace.

Forzamiento, constricción: el flash de las palabras me hizo pensar en un texto escrito por el compositor, el profesor, el diseñador de software Thor Magnusson: “Hoy por hoy, un músico que trabaje con tecnología digital se confronta con una panoplia de herramientas musicales que pueden ser caracterizadas, grosso modo, a través de una división entre software de producción musical pre-configurado, por un lado, y, por el otro, entornos de programación de audio como SuperCollider, CSound, Pure Data, Max/MSP, ChucK o Audiomulch (para mencionar unos pocos). Los problemas de los primeros residen en las constricciones conceptuales y compositivas que son impuestas a los usuarios por herramientas que definen claramente el rango de expresiones musicales disponibles. Por esa razón, muchos músicos, para combatir la fosilización de la música en receptáculos estilísticos, muchas veces deciden trabajar con entornos de programación que les permiten una experimentación más amplia. Y sin embargo, surge aquí el problema del alcance expresivo prácticamente infinito del entorno, que a veces resulta en una parálisis creativa o induce el frecuente síntoma del músico que se vuelve ingeniero. En consecuencia, se puede detectar una estrategia común, que definimos aquí como la de diseñar constricciones: el diseñador de instrumentos, el compositor o el ejecutante (una distinción que muchas veces es irrelevante en estos dominios) conciben un sistema de constricciones de nivel relativamente elevado, que circunscribe un espacio definido para la expresión potencial, sea de naturaleza compositiva o gestual”.

Por supuesto: la restricción de los medios (en el dominio digital o fuera de él) es una manera de inducir (como se induce un trance) la capacidad de decidir en un entorno de complejidad abrumadora. Pero hay un segundo motivo, me parece, que se me aclaraba esta mañana, leyendo un libro de Sebastián Seung (Connectome. How the Brain’s Wiring Makes Us Who We Are), que estudia la organización de las vías de señalización en el cerebro. La parte que me llamó la atención trata de un problema práctico que padecen los científicos: que hay muchísimos, que todos hacen experimentos, posiblemente los mismos, y descubren, por eso, las mismas cosas, todo el tiempo. ¿Cómo se puede hacer un descubrimiento que no hagan todos (algunos de esos todos) los demás? Seung: “Despues de escuchar rumores de la invención del telescopio en Holanda, Galileo se puso a construir el suyo. Experimentó con diversos lentes, aprendió a hacer cristales y eventualmente fue capaz de hacer los mejores telescopios del mundo. Estas actividades le dieron la capacidad de hacer descubrimientos astronómicos, porque podía examinar los cielos con instrumentos que otros no tenían. Si uno es un científico que puede adquirir instrumentos, es posible conseguir algunos que sean mejores que los de sus adversarios (y esto depende de su habilidad de conseguir fondos). Pero una ventaja más decisiva puede conseguirse si uno construye un instrumento que el dinero no puede comprar”. La presuposición, formulada de manera general: “Cosas valiosas que no se han hecho todavía pueden hacerse solamente por medios que no han existido”.

Es así: en un universo hiper-poblado, donde sospechamos (es lógico) que otros hacen lo mismo que hacemos, para muchos de nosotros no hay razones suficientes para realizar el intento desesperado de componer, digamos, una melodía original (una historia original, si somos principalmente escritores). “Cosas valiosas que no se han hecho todavía” pueden resultar, si resultan, de “instrumentos que el dinero no puede comprar”. Los compositores inclinados al diseño de software pueden confiarle a esa actividad la tarea; para los que no (o para los que menos), la vía normal es la de emplear instrumentos existentes de maneras tan anómalas que no sea extravagante suponer que lo que sea que salga de allí se desprenderá de la corriente interminable de rutinas musicales, la extenuante carrera de las composiciones. Reducción de la complejidad y búsqueda de la distinción: las dos cosas se producen hoy por hoy en condiciones muy diferentes incluso a las del pasado más inmediato. Y estas condiciones ¿cuáles son?

Test

The lists of English words in this file are taken from an article published in 1910 in the American Journal of Insanity: “A study of association in insanity,” by G. H. Kent and A. J. Rosanoff. In each series of three, the first word is the stimulus induced by the conductor of the experiment that the article reports, the second belongs to “case 4752” and the third to “case 5183.” The voices are Lucy, Peter and Graham, from Natural Voices. | Las listas de palabras inglesas en este archivo están tomadas de cierto artículo publicado en 1910 en el American Journal of Insanity: “A study of association in insanity”, de G. H. Kent y A. J. Rosanoff. En cada serie de tres, la primera palabra es el estímulo inducido por quien conduce el experimento, la segunda le pertenece al “caso 4752” y la tercera al “caso 5183”. Las voces son de Lucy, Peter y Graham, de Natural Voices.

Stimulus

Table dark music sickness man deep soft eating mountain house black mutton comfort hand short fruit butterfly smooth command chair sweet whistle woman cold slow wish river white beautiful window rough citizen foot spider needle red sleep anger carpet girl hich working sour earth trouble soldier cabbage hard

Case 4752

Meadow black sweet dead mansion near sooner formble gair temble benched ranched bumble semble simber narrow Ben gum bramble low temper bensid hummery gunst bemper tip gumper Andes gimper hummer geep humper zuper gumper himper gumper moop rumble slamper hinker humper gumpip imper gumper humper guipper phar her

Case 5183

Muss gone caffa monk buy lesson ness pie Gus muss court beef ness koy ness dalb flack mess cork ness Bess toy girl cork mass vell mouth cast ness crow ratter zide malloy straw cast Roman scack gois noise call hort Kaffir romerscotters bell tramine gas cor kalbas

Berta

Esta es Berta Singerman, recitadora argentina extraordinaire. La grabación es de hace un medio siglo. El poema es el conocidísimo “Poema XX” de Neruda. El instrumento de viento que se escucha es cierto ideófono indígena soplado con fines de demostración por Jorje Daher, en la ciudad de México, a comienzos de los años ’70.

This is Berta Singerman, extraordinary Argentine diseuse. The recording was made about half a century ago. The text is Pablo Neruda’s well know “Poem XX.” The wind instrument that you can hear is an indigeneous ideophone played by Jorje Daher in Mexico City in the early ’70s, for the sake of demonstrating how it sounded.