Cuando el éxito es tu sueño | If success is your dream

Derrotadas las lanzas de Cacharí por la tropa de línea, éste quedó por muerto en las márgenes de la laguna que lleva su nombre. Cuentan los vecinos que durante dos días y dos noches el cacique, enloquecido y moribundo, gritaba como para proseguir la pelea: “Aquí está Cacharí, Cacharí, Cacharí”.

The lances of Cacharí having been defeated by the troops in formation, he was left for dead at the edges of the lagoon that bore his name. The neighbors say that for two days and two nights the chieftain, crazed and moribund, yelled as if to continue the fight: “Here is Cacharí, Cacharí, Cacharí.”

León Rivera, Bocetos de un asistente | Sketches of an Assistant

Eng. trans.: Craig Epplin

Sound: RL


Jerry

A long, long time ago, Jerry Lewis had a radio program. He phoned people. He made them believe that he was a friend, an enemy, a customer. Most of the times, he terrified them. He made them act as the fools he thought they were. This is one of those calls. I don’t know its exact date.

Hace muchísimo tiempo, Jerry Lewis tuvo un programa de radio. Hacía llamadas telefónicas. Les hacía creer a sus interlocutores que era un amigo, un enemigo, un cliente. La mayor parte de las veces los aterrorizaba. Hacía que actuaran como los bobos que él, Jerry, creía que eran. Esta es una de aquellas llamadas. ¿Qué día la hizo? No lo sé.

A hero | Un héroe

Mahasvatta, a prince of a great country the name of which we don’t know, was good and gentle, and very compassionate to all creatures. It happened that one day he and his brothers were strolling among the hills when they saw near the foot of a precipice a tigress with two cubs. The tigress was reduced to a skeleton, and was so utterly famished with hunger that she was about to eat her young ones. Prince Mahasattva, seeing this, left his brothers, and desirous of saving the animal’s life, and the lives of her cubs, threw himself down the precipice, and then lay still for the tigress to eat him. But she was too weak and exhausted to take a bite out of his body. So he pricked himself with a sharp torn and thus drew blood. By licking this blood the wild beast gained strength, and then she devoured the prince leaving only his bones. When his parents found these, they had them buried, and then raised a mound or tope at the grave.

 

Mahasvatta, el príncipe de un gran país cuyo nombre no conocemos, era bondadoso, gentil, y extremadamente compasivo hacia todas las criaturas. Sucedió una vez que él y sus hermanos paseaban por las colinas cuando vieron cerca de la base de un precipicio a una tigresa con dos cachorros. Le tigresa había quedado reducida a ser un esqueleto, y estaba tan famélica del hambre que iba a comerse a sus criaturas. El príncipe Mahasvatta, cuando comprendió lo que estaba por suceder, se separó de sus hermanos y, para salvarle la vida al animal y a sus cachorros, se arrojó al precipio y se ofreció a la tigresa, para que se lo comiera. Pero la tigresa estaba demasiado débil y exhausta para morderlo. Por eso, Mahasvatta se dió un pinchazo con una aguda espina y comenzó a salirle sangre. Lamiendo esta sangre, la bestia ganó fuerzas y pudo devorar al príncipe, del cual quedaron solamente los huesos. Cuando sus padres encontraron estos restos, los enterraron y construyeron un túmulo funerario sobre la sepultura.

Thomas Watters, On Yuan Chwang’s Travels in India (A.D. 629-645) | Sobre los viajes de Yuan Chwang por la India (A.D. 629-645)

Sound: RL

Un nuevo curso, 1

Me pidieron que dijera cual es el título del curso de doctorado que voy a enseñar el semestre próximo. Siempre pasa. No tuve dudas, casi no tuve dudas: “Voz y subjetividad en los medios digitales”. Así son los nombres de los cursos. Hubiera preferido otro, pero era demasiado oscuro: “La voz enterrada”. Demasiado oscuro pero fiel al fenómeno que empezó por sorprenderme: que hubiera tanta pieza de sonido contemporánea, particularmente en las regiones del arte del sonido que más frecuento, donde la voz se invoca con el objeto de cubrirla de toda clase de materiales, hasta que su presencia persiste, pero su contorno es disuelto por manchones y colgajos.

¡Qué lejos que llegamos! ¿Desde dónde o cuándo? Desde aquellos días, no tan remotos, en que la música que se pensaba que valía era exclusivamente vocal: corales vociferados en iglesias. ¿Y los instrumentos? Acompañaban. En la música de arte europea fue lento el crecimiento del prestigio de la música instrumental, y lo cierto es que hace solamente un par de siglos, algo más, una sonata para tal o cual instrumento empezó a recibir la misma clase de atención que recibía un madrigal, un aria, un fragmento de cantata. La dinámica histórica de esta música: la alteración progresiva del balance entre la voz y los instrumentos, que, sin embargo, comenzaron por proponerse imitar a la voz: cantabile. ¡Y todo para esto! ¿Para qué? Para que instrumentos y voces vayan a parar al mismo miasma. Pero el miasma es lo que nos gusta: a mí, en todo caso.

¿Y lo de “subjetividad”, por qué? Porque esto pasa en una fase peculiar de nuestra comprensión de qué clase de cosa somos. Redes. Manojos. Colecciones de circuitos. De millones y millones de circuitos. ¿Han visto las imágenes? Las imágenes, digo, del cerebro. Las que existen, coloreadas. No es que seamos simplemente eso: somos lo que sucede cuando esos circuitos se acoplan con otros circuitos, “exteriores”, los de lo llamábamos “instrumentos” (la computadora en la que escribo), y que algun día llamaremos de otro modo, cuando estemos dispuestos a reconocer de un modo que nos resulta difícil ahora que no sabemos por donde empezamos ni hasta donde llega nuestro alcance.

“Voz y subjetividad”: la voz enterrada en un tiempo de redes y circuitos. Ese es mi objetivo. Pero no estoy seguro de saber cómo llegar allí, de si tendré algo que decir sobre el asunto que no sea lo que acabo de decir. Lo cierto es que del curso en cuestión no tengo, por el momento, otra cosa que el título y algunas vagas intuiciones (la mayor parte de las cuales consigné en cierto capítulo de mi último libro de crítica, Estética de laboratorio). Pero es necesario que tenga, en un par de semanas, algo más: un programa para mi curso, como mínimo. La idea de esta secuencia de informes es anotar los pasos que voy dando en esa dirección, con la expectativa de que hacerlo me ayude a concentrarme en el asunto y de que si alguien los lee me dé sugerencias útiles o me haga preguntas que me lleven a un poco más de claridad. En algun momento, si es que persisto, este diario de la preparación del curso se convertirá en un diario del curso mismo (y quién sabe qué más).