And so it begins… | Y así empieza…

In the beginning—there never was any beginning, but let it pass. We’ve got to make a start somehow. In the very beginning of all things, time and space and cosmos and being, in the beginning of all these was a little living creature. But I don’t know even if it was little. In the beginning was a living creature, its plasm quivering and its life-pulse throbbing. This little creature died, as little creatures always do. But not before it had had young ones. When the daddy creature died, it fell to pieces. And that was the beginning of the cosmos. Its little body fell down to a speck of dust, which the young ones clung to because they must cling to something. Its little breath flew asunder, the hotness and brightness of the little beast—I beg your pardon, I mean the radiant energy from the corpse flew away to the right hand, and seemed to shine warm in the air, while the clammy energy from the body flew away to the left hand, and seemed dark and cold. And so, the first little  master was dead and done for, and instead of his little living body there was a speck of dust in the middle, which became the earth, and on the right hand was a brightness which became the sun, rampaging with all the energy that had come out of the dead little master, and on the left hand a darkness which felt like an unrisen moon. And that was how the Lord created the world. Except that I know nothing about the Lord, so I shouldn’t mention it.

En el comienzo (no hubo nunca un comienzo, pero prosigamos). Tenemos que comenzar por algun lado. En el comienzo de todas las cosas, el tiempo y el espacio y el cosmos y el ser, en el comienzo de todo había una pequeña criatura viviente. Pero ni siquiera sé si era pequeña. En el comienzo había una criatura viviente, con el plasma estremeciéndose y el pulso vital que palpitaba. Esta pequeña criatura murió, como siempre les pasa a las pequeñas criaturas. Pero antes tuvo crías. Cuando la criatura padre murió, se rompió en pedazos. Y ese fue el principio del cosmos. Su pequeño cuerpo se redujo a un manchón de polvo, al cual sus vástagos se colgaron, porque tenían que colgarse de algo. Su pequeña respiración voló, el calor y el brillo de la diminuta bestia… Perdón, quiero decir que la radiante energía del cadáver se escapó hacia la derecha, y parecía que brillaba, tibia, en el aire, mientras que la pegajosa energía del cuerpo se escapaba hacia la izquierda, oscura y helada. Así, el primer pequeño soberano se murió y en lugar de su pequeño cuerpo vivo hubo, en el centro, un manchón de polvo que se convirtió en la tierra, y a la derecha un brillo que se convirtió en el sol, rampante, dotado de toda la energía que había surgido del pequeño soberano muerto, y a la derecha hubo una oscuridad que se dejaba sentir como una luna que no hubiera salido. Así fue como el Señor creó al mundo. Pero no sé nada del Señor, así que no tendría que mencionarlo.

D. H. Lawrence, Fantasy of the unconsciousFantasía del inconsciente

Sound: Alan Courtis

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