Dos historias con cabezas | Two stories with heads

La primera está es la colección de  cuentos folklóricos de Visaya, en las Islas Filipinas, recogidos por Berton L. Maxfield and W. H. Millington en 1907. Es así:

Un hombre y su esposa no tenían hijos. Como anhelaban tener uno, le rogaron a Diva, su dios, que les concediera este deseo, aunque su hijo fuera solamente una cabeza.

Diva se compadeció de ellos y les dió, como hijo, una cabeza. Cabeza (este era su nombre) creció, y de a poco su padre y su madre dejaron de pensar en su desgracia y llegaron a quererlo mucho.

Una vez Cabeza vio a la hija del jefe pasar frente a la casa y se enamoró de ella. “Madre”, dijo, “estoy enamorado de la hija del jefe y quiero casarme con ella. Por favor, anda a verlo y pídele que me conceda la mano de su hija”. “Querido Cabeza”, le respondió su madre, “no tiene sentido que lo haga: seguramente la hija del jefe no querrá casarse con una cabeza”. Pero Cabeza insistió y, para calmarlo, su madre fue a ver al jefe y le contó cual era el deseo de su hijo. Como es natural, la respuesta fue un rechazo; la mujer volvió a casa y le comunicó a Cabeza cuál había sido el resultado de su gestión.

Cabeza bajó al jardín y empezó a hundirse en el suelo.

“Cabeza”, dijo su madre, “ven a comer…”

“¡Hundirme! ¡Hundirme! ¡Hundirme!”, gritaba Cabeza.

“¡Cabeza, ven a comer!”, repitió su madre.

“¡Hundirme! ¡Hundirme! ¡Hundirme!” Esta fue la respuesta de Cabeza, que siguió hundiéndose hasta que ya no fue posible verlo. En vano su madre trató de desenterrarlo. Al tiempo un árbol emergió en el sitio en que Cabeza se había hundido, y poco después dió un fruto redondo y grande, casi tan grande como la cabeza de un niño.

 

La otra historia fue escrita casi al mismo tiempo por Robert Walser:

Hubo una vez un hombre que tenía sobre los hombros, en lugar de cabeza, un zapallo hueco. Esto no lo ayudaba mucho. Sin embargo, quería ser el Número Uno. Esa es la clase de persona que era. En lugar de lengua tenía una hoja de roble que le colgaba de la boca, y sus dientes estaban cortados con cuchillo. En lugar de ojos, tenía dos agujeros. En los agujeros, dos pábulos de vela ardían. Esos eran sus ojos. No lo ayudaban a ver demasiado lejos. Y sin embargo, el vanidoso decía que sus ojos eran los mejores. Sobre la cabeza de zapallo llevaba un sombrero alto; como era bien educado, se lo sacaba cada vez que alguien hablaba con él. Una vez este hombre salió a caminar. Pero el viento sopló con tanta fuerza que sus ojos se apagaron. Quiso encenderlos de nuevo, pero no tenía fósforos. Comenzó a llorar con sus pábulos, porque no podía encontrar el camino de regreso a casa. Así que se sentó allí mismo, con la cabeza de zapallo entre las manos, deseando morir. Pero morirse no era fácil. Primero tuvo que venir un gusano de junio, que se comió la hoja de roble de la boca; tuvo que venir un pájaro, que abrió un agujero en su cabeza de zapallo; tuvo que venir un niño, que se quedó con los dos pábulos. Entonces pudo morir. El gusano todavía está comiéndose la hoja, el pájaro todavía picotea y el niño juega con los pábulos.

_________________________________

The first one can be found in the Visayan Folk Tales  that Berton L. Maxfield and W. H. Millington published in 1907:

There once lived a man and his wife who had no children. They earnestly desired to have a son, so they prayed to their God, Diva, that he would give them a son, even if it were only a head.

Diva pitied them, and gave them a head for a son. Head, for that was his name, grew up, and gradually his father and mother ceased to think of his misfortune, and grew to love him very much.

One day Head saw the chief’s daughter pass the house, and fell in love with her. “Mother,” he said, “I am in love with the chief’s daughter and wish to marry her. Go now, I pray you, to the chief and ask him to give me his daughter to be my wife.” “Dear Head,” answered his mother, “it is of no use to go on such an errand, the chief’s daughter will surely not be willing to marry only a head.” But Head insisted, so, in order to quiet him, his mother went to the chief and made known her son’s desire. Of course she met with a refusal, and returned home and told Head the result of her errand.

Head went downstairs into the garden and began to sink into the ground.

“Head, come up,” said his mother, “and let us eat.”

“Sink! sink! sink!” cried Head.

“Head, come up and let us eat!” repeated his mother.

“Sink! sink! sink!” was Head’s answer, and he continued to sink until he could no longer be seen. His mother tried in vain to take him out. After a while a tree sprang up just where Head had sunk, and in a short time it bore large, round fruit, almost as large as a child’s head. 

 

The other was written, almost at the same time, by Robert Walser:

Once there was a man and on his shoulder he had, instead of a head, a hollow pumpkin. This was no great help to him. Yet he still wanted to be Number One. That’s the sort of person he was. For a tongue he had an oak leaf hanging from his mouth, and his teeth were cut out with a knife. Instead of eyes, he had just two round holes. Back of the holes, two candle stumps flickered. Those were his eyes. They didn’t help him see far. And yet he said his eyes were better than anyone’s, the braggart. On his pumpkin head he wore a tall hat; used to take it off when anyone spoke to him, he was so polite. Once this man went for a walk. But the wind blew so hard that his eyes went out. He wanted to light them up again, but he had no matches. He started to cry with his candle ends, because he couldn’t find his way home. So now he sat there, held his pumpkin head between his hands, and wanted to die. But dying didn’t come to him so easily. First there had to come a June bug, which ate the oak leaf from his mouth; there had to come a bird, which pecked a hole in his pumpkin skull; there had to come a child, who took away the two candle stumps. Then he could die. The bug is still eating the leaf, the bird is pecking still, and the child is playing with the candle stumps.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s